¿Tu hijo no quiere comer?


En los ultimos dias muchas mamás me han preguntado o mostrado preocupación por que sus bebés entre 10 y 18 meses no estan comiendo como antes. Esto es super normal y se debe a varias cosas, entre ellas el que estén empezando a caminar y su interés esté en la movilidad o que estan aprendiendo a ser independientes y a decidir por ellos mismos y no comer sea su forma de retar a su mamá, de ver quien tiene la última palabra. La solución puede estar en no presionarlos y cederles el control.

Sea como sea muchos padres se preocupan de que su bebé o su niño no come lo suficiente. La comida está intrínsecamente vinculada al cuidado y al amor: todos queremos mostrar a nuestros bebés cuánto los amamos y alimentarlos es una manera de hacerlo. Igualmente, se puede sentir una sensación de rechazo cuando nuestro hijo no quiere la comida que le preparamos con tanto cariño. Estas emociones, combinado con las expectativas poco realistas que tenemos sobre cuánto deben comer nuestros hijos, resulta en adultos tratando de convencer a los niños a comer, muchas veces, más de lo que necesitan.

Asi que quise usar este post para contarles sobre un experimento que a pesar de haberse terminado hace tantos años (1939) puede servirnos para dejarnos mas tranquilas.

En los años 20 con el surgimiento de la nutrición, los pediatras daban ordenes muy especificas en cuanto a qué, cómo y cuando debían comer los niños para estar sanos (no muy distinto de lo que ocurre hoy). Los niños respondian a estas medidas rechazando los alimentos. Un pediatra de la época estimaba que entre el 50% y el 90% de sus visitas eran de mamas preocupadas porque sus hijos se negaban a comer.

La pediatra Clara Davis sospechaba que el cuerpo de los niños de alguna manera "sabía" lo que cada niño necesitaba, y comparaba el apetito instintivo del niño a la manera en la que trabajan algunas funciones autonomas del cuerpo ajustandose a situaciones externas como sudar cuando hace mucho calor o respirar rapidamente cuando corremos.

Entonces se dispuso a determinar si los niños pequeños podían elegir solitos el surtido y cantidad de alimentos adecuado para crecer y mantenerse saludables. La doctora Davis reunió a un grupo de bebés para un audaz experimento de alimentación. La clave era proporcionar alimentos saludables y dejar que los niños comieran tanto o tan poco como quisieran.

Asi lo describe la doctora en su reporte: "La lista de alimentos para el experimento debe incluir ingredientes de origen animal y vegetal que provean todos los aminoacidos, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales que sabemos necesarios para la nutrición humana. la comida debe ser tal que se encuentre fresca todo el año en el mercado, la lista debe tener solamente comida naural y no alimentos incompletos o enlatados. Los cereales serán granos enteros, no se usara azucar ni productos lacteos como crema, mantequilla ni queso. La preparacion de los alimentos será lo mas simple posible"

Los alimentos que se ofrecieron fueron: Carne de res cruda y cocida y huesos para chupar, cordero cocido al vapor y picado finamente, pollo, mollejas, sesos, hígado y riñones todo cocinado; pescado, tuétano; caldo de hueso gelatinoso, huevos crudos y cocidos; granos enteros como avena cortada, trigo molido, harina de maíz y cebada entera (todo hervido); manzanas, plátanos, naranjas, piña y duraznos crudos; manzanas al vapor; plátanos horneados; tomates crudos, lechuga, zanahorias, col y chícharos; betabeles cocidos al vapor, nabos, coliflor y espinaca; y papas al horno. Los bebés podían beber agua, leche entera, leche cultivada (yogurt), y jugo fresco de naranja. Cada bebé tenía su propio plato de sal marina (no agregaban sal a la comida al preparar).

En cada comida se incluian granos, un par de carnes, y varias frutas y verduras. Todos los platillos sin sazonar y sin mezclar. En el transcurso de la experimento (que duró varios meses), a los niños se les dio ningún estímulo o

desaliento respecto determinados alimentos.

Entonces, ¿qué pasó? En una comida determinada, las selecciones de los bebés podían ser extremas. Un bebé masticaba en su mayoría huesos; otro bebio regularmente un litro de leche con su comida. Un bebé comió siete huevos en un solo día y otro cuatro plátanos, mientras que uno de vez en cuando tomaba puñados de sal marina. Con el tiempo, todos los bebés comieron una dieta variada, incluyendo en gran parte, más carne de la que los médicos recomiendan. Todos los niños prosperaron . . . Un niño de nueve meses de edad, con raquitismo bebió aceite de hígado de bacalao hasta que su raquitismo se curó, y luego lo ignoró. Todos los niños mostraron una preferencia por el betabel durante varios meses, justo despues de haber sido introducidos a la alimentación de sólidos. La doctora se preguntaba si esta atracción al betabel tenía que ver con alguna sustancia anti-anémica (ahora sabemos que es el hierro) o con su atractivo color rojo. Yo diría que ambos.

Se ha criticado que aún se siga citando este experimento por ser de hace tantos años y porque la doctora no publicó los resultados con gráficas y porcentajes como se hace ahora, si no que describió solamente su opinión personal respecto a lo que oservó. Si embargo lo que a mi me encanta del experimento es que nos enseña que los niños son capaces de comer de acuerdo a sus necesidades mientras se les ofresca comida real y sin basura y nos permite tener confianza en ellos, en la naturaleza y en nuestro instinto natural.

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